viernes, 25 de mayo de 2007

Se vino Marcel Rasquin y nos adaptamos.








Darwiniana.
El segundo jueves en la lona no dejó nada por lo que suspirar. El retraso en el montaje, inconvenientes técnicos con el formato, cosas que pasan– no echaron sombra sobre la acertada, oportuna y aguda selección fílmica de Marcel Rasquin, director invitado de la noche. El man se llegó con Adaptation y se aplicó además con tremenda disertación sobre el carácter bizarro, híbrido y múltiple de esta peli de un tal Kaufman al que bien se conoce por los lados de la quinta de Santa Marta. Bravo pues. Lo bueno es que después de tanta cháchara, la cosa sirvió para iniciar a los nuevos en la increíble y triste historia de Susan Orlean y Laroche con la orquídea fantasma, raro triángulo de amor donde lo haya. Pero lo mejor es que los iniciados pudimos, y eso sí que es memorable, verla con ojos limpios y nuevos, con esa fascinación que algunos pudimos apenas vislumbrar mientras Meryl Streep se miraba apasionadamente los dedos de los pies. Con y sin nostalgia, esta sátira-homenaje a Robert Mc Kee nos deja con ganas. Con ganas de aceptar que el cliché y el afán de originalidad son dos raíces de ese árbol que se llama inconformidad. De saber qué es amar apasionadamente. De convertirnos en ese otro yo que arrastramos. De perseguir el amor sin dejarnos marcar por el objeto del afecto. De transformarnos. De ser. De reírnos. Sí, somos patéticos, ¿y qué?

Continuará, quizá, en una próxima entrega.

Pa´ la lona con Braulio!






Braulio lo dejó todo en la lona. 

El pequeño gigante de Prakha Producciones, se anda con cuentos, el jueves pasado buscó una de sus películas preferidas y se la trajo a la quinta matilde. Inmediatamente llegaron algunos amigos de la casa y nos subimos con birras y todo a la terraza para disfrutar nuestra primera proyección en la lona. La película no pudo ser más apropiada: Whisky. Braulín se disparó senda introducción acerca del cine intimista. Al principio más de uno estaba un poco dudoso y es que no andamos de ánimos para ver películas demasiado intensas, y menos alguna de esas joyitas del cine húngaro. Acá no le hacemos ascos a Porky´s, y menos al Top Secret de Val Kilmer, pero nos relajamos y lentamente el buen trabajo destilado por Pablo Rebella y Pablo Stoll nos fue atrapando, y entendimos porque desde que se estrenó en Cannes esta cinta uruguaya no ha parado de obtener reconocimientos por todo el mundo. Marta ("sin hache"), Jacobo Koller y el hermano que vive en brasil, nos fueron llevando de lo absurdo a lo cotidiano, de la melancolía lo fabulesco. Una historia bien contada a través de detalles y planos repetidos que sutilmente retratan a tres personalidades aparentemente inofensivas. Tres clases de soledad. Después nos quedó una sensación sabrosona que nos hizo quedarnos a hasta las y tantas, pues cuando se acaban las birras, más buenos son los rones. Bravo por Braulin!. Será hasta la semana que viene con Marcel Rasquin. No hace falta decir que son bienvenidos los panas que caigan por la quinta matilde, la última casa de la calle A de santa marta, la de rejas rojas, al lado de la quinta paila. Bueno muchachos, sonrían a la cámara. Digan “Whisky”. j.